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Trastornos del lenguaje en la infancia: ¿qué son y cómo identificarlos?

Los trastornos del lenguaje son una de las alteraciones más frecuentes en la infancia. Se estima que afectan a aproximadamente 1 de 14 niños y niñas en edad preescolar, siendo mucho más frecuente en varones.

Básicamente, se trata de trastornos del neurodesarrollo que dificultan la adquisición del lenguaje e interfieren en el aprendizaje y la comunicación. En palabras sencillas, son alteraciones que afectan la expresión, la comprensión o ambas habilidades verbales, dificultando tanto la forma de comunicar el mensaje como la interpretación de lo que dicen los demás.

Si bien son trastornos que persisten hasta la edad adulta, una detección temprana y una intervención adecuada pueden mitigar sus efectos y favorecer el desarrollo lingüístico. Por ello, es fundamental que, como madre o padre, conozcas cuáles son los trastornos del lenguaje y estés atento a cualquier signo de alerta para buscar ayuda especializada cuanto antes.

Clasificación de los trastornos del lenguaje, según el DSM-5

Aunque es común hablar de trastornos del lenguaje en sentido general, esta categoría comprende numerosas alteraciones más específicas que, según el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5) pueden agruparse en:

  1. Trastorno del lenguaje

Es una alteración que se caracteriza por la dificultad para adquirir y utilizar el lenguaje en distintos contextos, afectando la capacidad expresiva, la comprensión o ambas. Estas limitaciones pueden presentarse en la comunicación oral, pero también en la escritura o, incluso, en el lenguaje de señas.

Se distingue por un vocabulario reducido, una construcción gramatical deficiente y alteraciones significativas en el uso del discurso. Básicamente, se manifiesta en niños y niñas cuyas habilidades lingüísticas se encuentran por debajo de lo esperado para su edad, lo que impacta en su capacidad de comunicación, interacción social y rendimiento académico.

Este trastorno aparece en las primeras etapas del desarrollo y, debido a sus características, a menudo se confunde con el retraso en el lenguaje. Sin embargo, mientras este último se refiere a una adquisición más lenta del lenguaje en la infancia sin implicar necesariamente una alteración persistente, el trastorno del lenguaje es una condición del neurodesarrollo que puede extenderse hasta la vida adulta.

Otra diferencia clave es que el trastorno del lenguaje afecta tanto la expresión como la comprensión, mientras que en el retraso del lenguaje las dificultades suelen centrarse en la expresión. Además, en el primer caso, el componente morfosintáctico es el más comprometido, mientras que, en el segundo, los principales problemas suelen estar relacionados con la pronunciación y el vocabulario. Por ello, un diagnóstico preciso es fundamental para una intervención adecuada.

¿Cómo saber si tu hijo o hija tiene un trastorno del lenguaje?

  • Posee un vocabulario limitado en comparación con otros niños y niñas de su edad.
  • Tiene problemas para formar frases gramaticalmente correctas.
  • Presenta dificultades para explicar lo que quiere decir y mantener una conversación.
  • Tiene problemas para seguir instrucciones o comprender preguntas complejas.
  • Le resulta difícil aprender a leer y escribir.
  • Le cuesta concentrarse en actividades eminentemente verbales, por lo que a veces puede confundirse con un TDAH.
  • Presenta comportamientos disruptivos, como rabietas, debido a la frustración por no poder comunicarse.
  • Utiliza de forma excesiva gestos y conductas no verbales para compensar su déficit.
  1. Trastorno fonológico

Se trata de una dificultad persistente en la producción fonológica que afecta la claridad del lenguaje y dificulta la comunicación verbal, interfiriendo en la capacidad comunicativa, la participación social y el rendimiento académico infantil. En otras palabras, implica problemas para articular correctamente los fonemas, haciendo que el habla sea difícil de entender.

Generalmente, este trastorno se detecta entre los 3 y 5 años y afecta tanto el conocimiento fonológico de los sonidos como la coordinación de los movimientos necesarios para el habla. En los casos más graves, pueden existir antecedentes de dificultades en otras funciones que requieren los mismos músculos articuladores, como la masticación.

Los niños y niñas con trastorno fonológico suelen mantener simplificaciones en su pronunciación más allá de los 8 años, cuando ya deberían hablar con claridad. Sin embargo, con el tratamiento adecuado, estas dificultades pueden mejorar e incluso resolverse por completo, salvo cuando el trastorno fonológico se asocia a un trastorno del lenguaje, lo que suele complicar su evolución.

Es importante señalar que, en muchos casos, los síntomas del trastorno fonológico se confunden con problemas como el frenillo sublingual corto, una condición que, aunque puede afectar la articulación, tiende a corregirse de manera espontánea. Asimismo, es fundamental asegurarse de que no está vinculado a variaciones lingüísticas regionales, sociales o culturales y realizar un diagnóstico diferencial para descartar alteraciones con síntomas similares, como los trastornos motores de origen neuromuscular.

¿Cómo saber si tu hijo o hija tiene un trastorno fonológico?

  • Tiene un habla ininteligible después de los 4 años.
  • Sustituye unos sonidos por otros (dice “tasa” en vez de “casa”).
  • Omite el primer o último sonido de las palabras (dice “canta” en lugar de “cantar”).
  • A veces los sonidos que omite puede pronunciarlos en otras palabras (puede decir “feli” en lugar de “feliz” y luego pronunciar “zombi”).
  • Tiene dificultades para articular los sonidos sibilantes o, lo que es lo mismo, cecea.
  • Después de los 7 años no es capaz de pronunciar sonidos como l, s, r, v, z, ch, sh, y rr.
  • Tiene dificultades para aprender a leer en el colegio.
  • Manifiesta síntomas tempranos de dislexia.
  1. Trastorno de la fluidez del habla (tartamudez)

Este trastorno se caracteriza por interrupciones en la fluidez y el ritmo del habla. Es común la presencia de repeticiones de sonidos, prolongaciones de vocales y consonantes, fragmentación de palabras o bloqueos en el discurso que afectan la comunicación social y el rendimiento académico. Frecuentemente, también se acompaña de movimientos involuntarios como parpadeos, tics, sacudidas de cabeza o temblores en los labios y el rostro.

La intensidad de los síntomas varía según la situación, agravándose en momentos de presión, como al responder preguntas difíciles o hablar en público. De hecho, muchos niños y niñas desarrollan una anticipación ansiosa que empeora la sintomatología, ya que el estrés y la ansiedad tienden a intensificar el problema.

Este trastorno surge en la infancia, generalmente antes de los 6 años en el 80-90% de los casos, con una aparición progresiva o repentina. Lo más habitual es que las primeras señales incluyan la repetición de consonantes iniciales o las primeras palabras de una frase, haciéndose más frecuentes con el tiempo.

Para un diagnóstico preciso, es crucial diferenciarlo de las disfluencias normales en el habla de los niños y niñas más pequeños, que tienden a usar frases del tipo “yo quiero, yo quiero salir” para enfatizar lo que dicen, pero que suelen desaparecer con el desarrollo. También es importante distinguirlo del síndrome de Tourette, un trastorno neurológico que, aunque incluye tics vocales y repeticiones en el discurso, se caracteriza además por la presencia de tics motores.

¿Cómo saber si tu hijo o hija tiene un trastorno de la fluidez?

  • Repite sonidos y sílabas.
  • Prolonga el sonido de consonantes y vocales.
  • Fragmenta a menudo las palabras cuando habla.
  • Recurre al bloqueo audible o silencioso, es decir, realiza pausas mientras habla.
  • Utiliza circunloquios, o sea, sustituye las palabras o sonidos que le generan problemas.
  • Usa muletillas de manera excesiva (“eh… eh… quiero agua”).
  • Presenta tensión o ansiedad al hablar, lo que agudiza el resto de los síntomas.
  • Tiene dificultades para hablar de manera fluida.
  1. Trastorno de la comunicación social (pragmático)

El trastorno de la comunicación social se define por una dificultad primaria en el uso del lenguaje con fines sociales. ¿Qué implica esto? Básicamente, que los niños y niñas con esta condición tienen problemas para comprender y aplicar las reglas de la comunicación verbal y no verbal en distintos contextos. Les cuesta ajustar su discurso según la situación, mantener una conversación fluida y seguir normas básicas de interacción, lo que afecta su capacidad para comunicarse eficazmente, establecer relaciones, participar en actividades sociales y rendir académicamente.

Por lo general, el diagnóstico se realiza después de los 4 o 5 años, una vez que el desarrollo del habla permite identificar con claridad las dificultades específicas en la comunicación social. No obstante, en los casos más leves, puede pasar desapercibido hasta la adolescencia temprana, cuando el lenguaje y las interacciones se vuelven más complejas.

Aunque en muchos casos se observa una mejoría con el tiempo, algunas dificultades pueden persistir hasta la adultez. Incluso en quienes logran avances significativos, pueden mantenerse algunas alteraciones en la interacción y el comportamiento social, así como en la adquisición de habilidades como la expresión escrita.

Un aspecto clave en este trastorno es el diagnóstico diferencial con otras condiciones, especialmente el Trastorno del Espectro Autista (TEA), con el que comparte ciertas similitudes. Si bien es cierto que en ambos casos se evidencian dificultades en el uso del lenguaje pragmático, el TEA se distingue además por patrones de comportamiento repetitivos, conductas motoras estereotipadas y una esfera de intereses reducida, aspectos que no suelen estar presentes en el trastorno de la comunicación social. Además, los niños y niñas con este trastorno suelen mantener mejor el contacto visual, exhibir conductas declarativas más estables y tener una comunicación no verbal más efectiva.

¿Cómo saber si tu hijo o hija tiene un trastorno de la comunicación social?

  • Presenta dificultades para iniciar o mantener conversaciones.
  • Posee un pobre registro comunicativo y expresivo.
  • Tiene problemas para entender lo que no se dice explícitamente, le cuesta comprender las bromas o dobles sentidos.
  • Le resulta difícil adaptar su comunicación al contexto, es decir, ajustar su discurso cuando habla con otro niño o niña a cuando lo hace con un adulto.
  • Tiene dificultades para seguir las normas de conversación, como respetar el turno de palabra o cambiar su discurso cuando no le entienden.
  • Muestra poco interés en las relaciones sociales.
  • Tiende a monopolizar las conversaciones o a cambiar de tema de manera improvisa.
  • Tiene problemas para interpretar la comunicación no verbal, como las expresiones faciales.

 

Por último, ten en cuenta que el lenguaje es una habilidad esencial en la vida de un niño o niña y cualquier dificultad en su desarrollo debe abordarse de manera temprana. La evaluación neuropsicológica es clave para comprender el origen del trastorno y diseñar un plan de intervención adecuado.

Si notas que tu hijo o hija tiene dificultades con el lenguaje, contáctanos y cuéntanos lo que está sucediendo. Recuerda que, con el apoyo adecuado, la mayoría de los niños y niñas pueden mejorar significativamente sus habilidades comunicativas.

 

 

Referencias:

Gonzáles, J., García, J. M. (2019) Trastornos del lenguaje y la comunicación. Congreso de Actualización Pediatría 2019. Madrid: Lúa Ediciones 3.0; 2019. p. 569-577.

Rupérez A., Ramos I., Machado I. S., Martín D., Gortázar M., Aguilera S. (2022) Trastornos del lenguaje, del habla y de la comunicación. Conceptos, clasificación y clínica. Protocolos Diagnósticos y Terapéuticos Pediatría; 1:19-30.

American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed., text rev.). American Psychiatric Association Publishing.