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El traumatismo craneoencefálico (TCE) implica una lesión funcional u orgánica que afecta al cráneo y su contenido, como consecuencia de algún impacto externo. La lesión en el interior del encéfalo suele acompañarse de otras en el cráneo, aunque pueden haber lesiones traumáticas sin que haya afectación cerebral. Es la causa más frecuente de daño cerebral adquirido.

Ante un daño cerebral adquirido, los niños y los jóvenes presentan unas características neuropsicológicas diferentes a las del adulto. Los niños son particularmente vulnerables a la
persistencia de los déficits cognitivos, y el diagnóstico es difícil de establecer.

Una lesión durante la primera infancia, período emergente de las funciones y procesos cognitivos, probablemente tendrá unas consecuencias devastadoras en la evolución futura de todos ellos.

Cuando el daño cerebral adquirido se produce en el momento en que las habilidades se están desarrollando, pueden influir en la velocidad, el dominio y las estrategias utilizadas de esas
funciones cognitivas, por lo que su maduración puede verse enlentecida y se requieran estrategias compensatorias.

Un daño en habilidades ya establecidas generalmente se asocia a una mejor recuperación.

Por tanto, las consecuencias de un daño cerebral adquirido dependen de la maduración cerebral, la naturaleza de la función (simple o compleja) y el nivel de desarrollo de la habilidad.
A diferencia de los adultos, los problemas pueden aparecer incluso años después de haber sufrido el daño, cuando las demandas académicas y sociales son mayores. Por ello, es importante realizar un seguimiento a largo plazo de estos niños.

La lesión en niños suele ser más generalizada y difusa que en los adultos, aunque también suele ser menos grave gracias a la mayor plasticidad cerebral del niño. Al producirse un daño,
la plasticidad del sistema nervioso para modelar su estructura, permite transferir o reorganizar funciones desde un tejido dañado a otro sano.

Perfil neuropsicológico:

  • CAPACIDAD COGNITIVA:

    El cociente intelectual (CI) en los TCE infantiles graves, por término medio, disminuye en 30 puntos. Sin embargo, a largo plazo la evolución es desigual, ya que el CI verbal suele normalizarse con el tiempo, mientras que el CI manipulativo sigue manteniendo un nivel significativamente inferior al premórbido (10-12 puntos menos). Ello se debe a que el TCE provoca una disminución en la velocidad de procesamiento que afecta más a las funciones perceptivo-motoras.

  • FUNCIÓN EJECUTIVA:

    El lóbulo frontal es muy susceptible de sufrir las consecuencias de los traumatismos craneoencefálicos, por lo que su lesión provocará dificultades para planificar y llevar a cabo la solución de problemas o tareas complejas. Tras lun TCE la realización de tareas rutinarias y estructuradas que requieren poca iniciativa suelen verse menos afectadas; sin embargo, suelen presentar síndrome disejecutivo con dificultades en razonamiento abstracto, conceptualización, categorización y flexibilidad cognitiva.

  • ATENCIÓN:

    El sufrimiento causado por el impacto puede provocar lesiones en la formación reticular: tálamo, ganglios basales o conexiones con el córtex asociativo. Como consecuencia se encontrarán dificultades para el control de la atención sostenida, atención selectiva, pérdida de fluidez en las respuestas y fatiga atencional en tareas que requieren mantener la atención en períodos más prolongados de tiempo. También es característico el aumento de la distraibilidad ante estímulos irrelevantes del entorno. En ocasiones, estos niños muestran un perfil que correlaciona y se traduce en un cuadro de trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). En este sentido, el metilfenidato ha mostrado eficacia en un porcentaje importante de pacientes con alteraciones atencionales y ejecutivas secundarias a un TCE grave.

  • VISOPERCEPCIÓN:

    Los déficits visoperceptivos es una secuela frecuente en los niños que han sufrido TCE. Se producen por lesión en las áreas parieto- occipitales. La mejoría en la realización de pruebas visoperceptivas es uno de los mejores predictores del grado de recuperación que van a experimentar las funciones cognitivas.

  • MEMORIA:

    Lesiones en lóbulos temporales y especialmente en áreas hipocámpicas conllevan a la presencia de amnesia anterógrada. Los trastornos de memoria son muy habituales en los síndromes posconmocionales tanto en niños como en adultos, afectando principalmente a la capacidad para adquirir y recordar nuevas informaciones, tanto de tipo semántico como
    episódico. La memoria procedimental y a corto plazo no suelen verse afectadas. Con el paso del tiempo, los problemas de memoria suelen persistir, convirtiéndose en la principal queja
    subjetiva que refieren los niños.

  • LENGUAJE:

    Generalmente poco afectado. Los aspectos semánticos y fonológicos suelen estar preservados, aunque pueden verse afectados los aspectos pragmáticos por dificultades para adecuar y contextualizar el lenguaje a la situación social. La anomia es probablemente el déficit lingüístico más frecuente. También pueden presentar afectación de la prosodia, ocasionando un discurso monocorde y sin entonación.

    Todos estos procesos son esenciales para la adquisición de nuevos conocimientos. Por ello, el rendimiento escolar puede verse afectado y, en ocasiones, puede empeorar con el paso de los años y asociarse al fracaso académico.

  • TRASTORNOS CONDUCTUALES Y EMOCIONALES:

    La lesión de las áreas de asociación del córtex en ocasiones impide un adecuado control y regulación de las emociones, sobre todo si están afectadas las áreas orbitarias y cinguladas del lóbulo frontal. Loa trastornos emocionales suelen ser más persistentes que los cognitivos, ya que suelen perdurar varios años después de producirse el TCE. Las alteraciones más habituales son:

      • Impulsividad,
      • Ansiedad y depresión, sobre todo en las fases iniciales tras la recuperación del estado de coma.
      • Apatía, tendencia al aislamiento y pérdida de interés por el entorno, labilidad emocional, desinhibición, euforia y baja tolerancia a la frustración,
      • Anosognosia (falta de conciencia de sus déficits),
      • Pérdida de autoestima (cuando son conscientes del problema) y
      • Trastornos pseudopsicopáticos.

      Los trastornos de conducta y las alteraciones cognitivas en niños que sufrieron TCE persisten durante la edad adulta, siendo habituales las manifestaciones siguientes:

      • Trastornos de memoria.
      • Problemas de procesamiento lingüísticos complejos.
      • Dificultades de adaptación e interacción social.
      • Dificultad para tener una integración laboral estable.
      • Pérdida de autoestima (cuando son conscientes del problema) y
      • Dificultades para mantener una relación de pareja estable.

 

Las consecuencias apreciables de lesiones en áreas específicas, responden a lo que sabemos de la neuroanatomía funcional del adulto. No obstante, los déficits consecuencia de un TCE en un cerebro en desarrollo, no tienen por qué corresponderse de la misma manera.

 

CUADRO RESUMEN PERFIL NEUROPSICOLÓGICO

CAPACIDAD COGNITIVA

Disminución de media de 30 puntos

A largo plazo:
Recuperación CI VERBAL
CI MANIPULATIVO significativamente
bajo

DOMINIOS COGNITIVOSLESIÓN
FUNCIONES EJECUTIVASÁrea prefrontal
– Síndrome disejecutivo
ATENCIÓNFormación reticular: tálamo, ganglios basales o conexiones con el córtex asociativo
– Dificultades atención sostenida, selectiva.
– Fatiga atencional en tiempos prolongados de exposición a tareas.
PERCEPCIÓNÁreas parieto-occipitales.
– Déficits visoperceptivos
MEMORIALóbulo temporal y sobretodo áreas hipocámpicas.
– Amnesia anterógrada
– Conservación memoria procedimental y a corto plazo.
LENGUAJE
– Anomia
– Alteración de la prosodia
– Pragmática
TRASTORNOS CONDUCTUALES Y
EMOCIONALES
– Impulsividad
– Ansiedad y depresión
– Apatía, tendencia al aislamiento y pérdida de interés por el entorno, labilidad emocional, desinhibición,
euforia y baja tolerancia a la frustración,
– Anosognosia
– Pérdida de autoestima
– Trastornos pseudopsicopáticos
Áreas orbitarias y cinguladas del lóbulo frontal.

 

REFERENCIAS:

  • Portellano, J.A. (2008): Neuropsicología infantil, Editorial Síntesis, Madrid.
  • Arnedo, M., Bembibre, J., Montes, A., Triviño, M. (2015). Neuropsicología Infantil, a través de casos clínicos. Edditorial Medica Panamericana, S.A. Madrid.