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Se estima que el trastorno del espectro autista afecta cuatro veces más a los hombres que a las mujeres. En los últimos años, sin embargo, se han hecho estudios que sugieren que un número importante de niñas con TEA no estarían siendo diagnosticadas, especialmente entre aquellas con un CI normal o alto.

Investigaciones recientes en el Reino Unido han encontrado una proporción de 3:1 respecto a la afectación del TEA en niñas. A medida que los procesos diagnósticos se adapten mejor a la identificación del TEA en niñas y mujeres, Happé y otros autores creen que esta proporción podría potencialmente ser de 2:1.

La presentación de los síntomas puede ser diferente a los varones, y esto hace que en algunas chicas tal vez pasen desapercibidas sus dificultades.

Las niñas pueden no mostrar conductas repetitivas o estereotipadas, ni mostrar claramente un interés inusual. Éstos son síntomas esperables y observables en muchos niños con TEA, pero que no los observemos en niñas no significa que no estén presentes.

Las niñas pueden presentar intereses especiales similares a sus pares niñas de desarrollo típico con los mismos temas, y muchas veces menos excéntricos y llamativos que los que normalmente se reportan con más frecuencia en sus pares varones en el espectro del autismo. Es importante evaluar aspectos cualitativos del interés en sí. En otros casos puede que esos intereses, especialmente en la adolescencia sean muy diferentes de sus pares.

Muchas niñas y adolescentes en el espectro del autismo realizan esfuerzos para camuflar conductas que pudieran visibilizar el trastorno.

Muchas niñas presentarán dificultades más sutiles. Algunas pueden mostrar muy buen comportamiento y aparentar timidez o inhibición rasgos que son culturalmente aceptados y sesgados como esperables para niñas y que no llaman la atención de docentes ni clínicos, otras niñas son “adoptadas” o “amadrinadas” en cierto modo por otras niñas que las modelan y guían, mientras que otras niñas TEA serán especialmente extrovertidas pero su conducta social si la observamos con atención resultará inapropiada, rara o invasiva en el contexto.

Las niñas con mayores comorbilidades o problemas de conducta (conducta externalizante), son objeto de atención clínica de forma mucho más temprana que aquellas niñas que “tienen buen comportamiento” o son extremadamente obedientes.

Se debe prestar especial atención a:

– Niñas o jóvenes con escasa iniciativa social, espontaneidad en la comunicación o que están aisladas del grupo de pares sea de niños o niñas. No asuma que esa niña es simplemente tímida.

– Niñas o jóvenes que, si bien parecen integradas en los grupos de juegos y recreos, porque están físicamente en proximidad a un grupo, lo hacen de forma periférica.

– Niñas o jóvenes particularmente desinhibidas que parecen desconocer niveles de intimidad, teniendo conductas muy abiertas con desconocidos, como contar secretos o hacer preguntas que trasciendan la intimidad de otros.

– Niñas o jóvenes que se relacionan aparentemente con normalidad, pero tienen dificultades para intimar, mostrar complicidad social, ser versátiles en grupos diferentes al habitual. Pueden ir de un grupo a otro sin desarrollar amistades estables en ninguno.

– Niñas o jóvenes que presentan crisis de angustia, llantos o berrinches de forma sostenida ante situaciones que tal vez resultan inexplicables o exageradas para usted, y pueden ser derivadas de situaciones que la niña no puede explicar o por lo menos no en el momento que suceden.

– Niñas o jóvenes que buscan lugares tranquilos, silenciosos y aislados en los recreos escolares o situaciones sociales, o en los momentos libres.

– Niñas o jóvenes que parecen no tener umbrales de dolor similar a sus pares, que no se quejan cuando se lastiman fuerte, o aquellas niñas que, al contrario, cualquier roce o contacto lo siente como amenazante.

– Niñas o jóvenes que imitan a sus pares de forma mecánica, y poco espontánea.

– Niñas o jóvenes que aparentan ser egocéntricas, cuesta hacer que cambien de idea y quieren dirigir como requisito para jugar, desarrollan amistades exclusivas y excluyentes, que no pueden ser compartidas, y obsesiones con otras niñas/niños y adultos de la escuela.

– Niñas o jóvenes que juegan con muñecos, personajes, u objetos simbólicos del tipo comida, y cocina, u otros juegos, pero en realidad le dedican la mayoría del tiempo a organizar el juego, ordenar los objetos, y preparar una escena, más que a jugar de forma flexible.

– Niñas o jóvenes que suelen ser muy inocentes, complacientes, no entienden las bromas de sus pares, y son víctimas de picardías y bromas colectivas de otras niñas.

– Niñas o jóvenes que se obsesionan con las relaciones con adultos o pares de forma pegajosa y dependiente.

– Jóvenes qué utilizando redes sociales o comunicaciones electrónicas, meten la pata de forma frecuente o son demasiado ingenuas, o exponen públicamente contenidos que pueden avergonzar a otros, sin que esa sea su intención, o al contrario jóvenes que pese a que todos sus pares utilizan medios electrónicos y digitales de comunicación se hayan aisladas virtualmente de sus grupos de pares.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:

• Merino M., D’Agostino C., de Sousa V., Gutiérrez A., Morales P., Pérez L., Camba O., Garrote L. y Amat C. Guía de buenas prácticas en niñas, adolescentes y mujeres con trastorno del espectro del autismo. AETAPI Asociación Española de profesionales del autismo.

• Montagut Asunción, M., Más Romero, R. M., Fernández Andrés, M. I. y Pastor Cerezuela, G. (2018). Influencia del sesgo de género en el diagnóstico de trastorno de espectro autista: una revisión. Escritos de Psicología, 11, 42-54.

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